Año nuevo… todo sigue igual

Después de las fiestas de Navidad, de la llegada de los Reyes Magos, de los días de descanso, familia y un poco de trabajo y estudio, todo sigue igual. Ni cambiando el calendario, ni quitando la última hora del 2018, ni estrenando el 2019, las cosas han variado demasiado.

La frase de «año nuevo: vida nueva» creo que al menos en mi vida no se cumple. Entre las propuestas del 2019 me dije que tenía que mejorar la utilización de mi tiempo, para que fuera mucho más productivo.

Sin embargo esta mañana, igual que me pasaba en reiteradas ocasiones en el año viejo, llegué más tarde de lo previsto al trabajo, se colgó el ordenador del estudio, no me dio tiempo a redactar los informativos, se me pasó la mañana volando, llegó el magazine y casi no tenía ni guión, dejé la lista de asuntos urgentes a la mitad… vamos que las cosas salen porque tienen que salir, porque como dependiera del esmero y cuidado prestado serían un absoluto fracaso.

Y es que probablemente lo mejor es que todo siga igual. O al menos que siga. No obstante, me gustaría que todo saliera mucho mejor, fuera más rodado, y en el trabajo fuera más efectivo. Aunque solo fuera por lo de sentirme mejor conmigo mismo, que tampoco es poco.

La emoción como exponente de comunicación

No sé dónde leí o escuché unas palabras de Encarna Sánchez en las que explicaba que cada vez que se ponía delante del micrófono de COPE buscaba emocionar al oyente. Me gustó tanto aquella idea que la imprimí en una pegatina y la coloqué enfrente de la mesa de mezclas. Emocionar al oyente era, es y será una buena pauta para cada vez que me pongo delante del micrófono, y al final del día son unas cuantas horas.

Otra cosa es que día a día logre esa máxima, porque cuando escucho el resultado de los programas o informativos dudo de que llegue a emocionar al oyente. Y es que eso tal vez sea cosas de verdaderos maestros.

Probablemente la comunicación llega a su máximo exponente cuando emociona. Ya sea una película, un libro, o un obra musical… Su autor habrá logrado su objetivo si te  emocionas después de verla, leerla o escucharla. O es que a caso no te emocionas cuando ves por ejemplo «La lista de Schindler», lees a «Un olmo viejo» de Antonio Machado, o escuchas el «Air on th G String» de JS Bach.

Escuchado lo escuchado, la meta de emocionar al receptor lo tendremos que dejar para los grandes de cada profesional, que son capaces de juntar los recursos con los que cuentan para llegar a conmover a las personas a las que se dirige.  Algunos nos tendremos que conformar con intentarlo.

David de Juan y «El ladrón de vírgenes»

Como si hubiera pasado demasiado tiempo, con una melancólica nostalgia recuerdo mi reciente paso por el colegio. No sé si a vosotros os pasa, pero a mi me ocurre con excesiva frecuencia. El paso por la Facultad, el trabajo, algún que otro cambio de domicilio… provoca que pierdas el contacto con quienes fueron tus compañeros y amigos durante los años de adolescencia.

Sin embargo, la vida está llena de gratas sorpresas, y un día descubres que aquel compañero de clase ha hecho realidad lo que muchos casi anhelamos: el arte de juntar palabras para contar historias y provocar en el lector. Lo importante de una película, de un buen libro, de una obra de arte, hasta de un programa de radio, es que provocar al receptor, y emocionarle.

Pues todo eso, y mucho más, logra David de Juan en su última novela «El ladrón de vírgenes». Después de «El baile de las largatijas» y «La mejor de las vidas», con este libro logra envolver al lector en una historia en la que los que vivimos en el medio rural nos vemos a veces reflejados.

Religión, superstición, amor,… también tienen cabida en el relato muy ágil donde la riqueza y retórica linguística de David carga de significando cada una de las palabras de «El ladrón de vígenes».

Como los buenos libros hasta el punto y final no dejas de descubrir una historia narrada Cirilo que te engancha en cada página. Así que habrá que esperar al próximo libro de David para seguir disfrutando con su narrativa poética.

Anunciar la Buena Noticia

El pasado, sábado 4 de marzo, José Ángel Ávila, rector del Seminario de Salamanca, me invitó a participar en una mesa redonda sobre las experiencias en la relación de fe y cultura. Agradecer a José Ángel, su invitación, ante dos verdaderos protagonistas de esa relación entre fe y cultural: el artista Luis de Horna, y el cineasta Pablo Moreno. Un auténtico placer compartir con ellos mesa, ante medio centenar de seminaristas de la región del Duero y Rioja, que se reunieron en un encuentro de convivencia y formación.

Comencé mi ponencia desde la cita «La verdad os hará libre» (Jn. 8, 32) que está colgada a las entradas a las emisoras de la Cadena COPE. Una reflexión que enlacé con la libertad que promete Cristo al inicio de su ministerio  al proclamar la Buena Noticia (Lucas 4, 14-22).

Y esa precisamente es mi humilde tarea: anunciar la Buena Noticia, desde los medios de comunicación en los que trabajo o colaboro. ¿Cómo? Pues informando de las actividades que se organizan en las parroquias de la zona, entrevistando a los grupos de pastoral juvenil de la parroquia que se van de convivencia… o buscando el aspecto humano que hay detrás de cada noticia, sea del ámbito que sea. Por ejemplo, juzgando las actuaciones de los protagonistas de los asuntos noticiables y no juzgádoles a ellos como personas.

Y, ¿por qué de esta tarea? Porque sinceramente es mi vocación, fruto de mi nacimiento en el seno de una familia cristiana; siendo monaguillo en mi parroquia; con una enseñanza cristiana en las comunidades de los Escolapios y Jesuitas; o como catequista de los grupos de pastoral en la parroquia de Peñaranda. Y todo fruto de una reflexión sobre qué quiere, Dios, de mí.

Como comunicador creo que los medios de comunicación son también una manifestación cultural. Y como el arte o el cine deben ser usados para transmitir la Buena noticia. Y para ello, la Iglesia puede tener sus propios medios, además de cuidar y mimar la relación con el resto.

Siendo consciente de que la mayoría de las noticias que ofrecen los mass media sobre la Iglesia resaltan aspectos negativos, ofreciendo visiones críticas sobre la religión y la dimensión espiritual, no por ello se debe dejar de apostar por los medios comunicación para anunciar la Buena Noticia. Al igual que la Iglesia durante siglos ha usado el arte para evangelizar y transmitir la Palabra de Dios, el cine o los medios de comunicación pueden y deben ser canales de información sobre la Buena Noticia.